27 de enero de 2026

Crítica de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Tibuleac


«Los ojos de mi madre eran mis historias no contadas»

Sí, soy experto en comenzar el año con novelas deprimentes y una de ellas es El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (que la estoy compaginando con El marino que perdió la gracia del mar). En fin, se ve que quiero que 2026 sea un gran año, pero ¿por qué digno esto?

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es un falso "libro terapia" escrito por el protagonista, un pintor que sufre (aparte de una enfermedad mental) un bloqueo y decide contar cómo fue el verano de su adolescencia que marcó su vida, uno en el que su madre (a la que odiaba) se lo llevó a la campiña francesa para esperar la muerte debido al cáncer terminal que sufría. Durante esos meses que convivirán juntos, el protagonista hará las paces con su madre, con su vida y con su pasado. Básicamente, es el argumento de aquel telefilm con ínfulas de película que me encanta La casa de mi vida (sí, aquella película donde Kevin Kline hacía de padre de un adolescente arisco llamado Anakin Skywalker en su fase emo), pero más deprimente, porque Tatiana Tibuleac tiene la capacidad de transmitirnos el odio que siente el personaje por culpa de la enfermedad mental que sufre y por la relación que ha tenido todo ese tiempo con su madre.

Dramas familiares

Es duro que no te caiga mal un tipejo como el protagonista de este libro, pero, poco a poco, llegamos a compadecernos de este pobre diablo. Por suerte, el libro dura lo que dura y se agradece, porque más páginas habría supuesto regodearse en este drama que suena demasiado real. Lo mejor es cuando la autora sabe darle voz a los pensamientos decadentes del pintor y nos hace compadecernos de la vida de su madre, una mujer que jamás ha podido ser feliz. En un momento, moribunda, la madre justifica por qué llevaba un peinado horrible: porque si se lo cambiaba, solo haría que el resto de sus fallos (un marido que no la quería, un hijo enfermo, una hija fallecida en la niñez, su propia madre abusiva) solo destacarían más dentro de la hecatombe.  Del mismo modo, hay momentos de gran fuerza narrativa, como cuando el protagonista habla de los ojos de su madre o de cómo empieza a quererla cuando justamente se está muriendo. Hay frases que se te quedan grabadas y son perfectas para los lectores que buscan obras que le dejen huellas.

Ahora bien, más allá de la buena prosa de Tatiana Tibuleac, poco hay en este libro. Hay esencia, pero la sustancia se diluye con rapidez. ¿De qué habla? ¿De que perdonemos a los otros y nos perdonemos a nosotros mismos antes de que sea demasiado tarde? Genial, está bien recordarlo, pero ¿hay algo más? Tampoco nos está descubriendo nada nuevo y todo lo demás son ideas que giran continuamente sobre este tema sin llegar a ofrecernos más que un relato turbulento sobre el drama familiar.

El problema es que, al fin y al cabo, es como La casa de mi vida: esta novela tiene un aire de telefilm del que no puede escapar pese al talento de la escritora moldava y, pese a ser una lectura interesante, jamás logra ser una novela que trascienda y acabe formando parte de la historia de la literatura. Puede que tampoco lo pretenda, puede que solo se conforme con ser un relato sobre una madre y su hijo y cómo intentamos curar heridas que llevan demasiado tiempo abiertas. Quizá, por eso, merezca la pena acercarnos al drama de El verano en que madre tuvo los ojos verdes, porque no siempre la literatura tiene que trascender o ser la panacea que arregle nuestras heridas. A veces, lo importante es que una obra recuerde lo que habíamos olvidado, como le ocurre al pintor.

P.D.: Sí, sé que El marino que perdió la gracia del mar de Yukio Mishima (gran escritor, mejor halterofílico suicida) tampoco va a ser un libro que me devuelva la fe en la humanidad. No te pueden devolver lo que nunca has tenido.

  • Puntuación: ⭐⭐/5

P.D.2: Sí, mi género predilecto sigue siendo la fantasía, la ciencia ficción y el terror, pero siempre he pensado que no por eso, debo dejar de leer de otros géneros.

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