3 de marzo de 2026

Crítica de El Caballero de los Siete Reinos, un nuevo regreso a Poniente

Los protagonistas de El Caballero de los Siete Reinos, nueva adaptación de la obra de George R.R. Martin tras Juego de Tronos y La Casa del Dragón.
Vivimos una época tan, tan oscura que, de vez en cuando, nos toca recordar que todavía queda esperanza y, hace muchos, muchos siglos, la esperanza radicaba en los relatos de caballería. Uno de ellos es El Caballero de los Siete Reinos, que ha sido ha sido una agradable sorpresa y una demostración de cómo Poniente sigue siendo uno de los grandes mundos de la fantasía. 

Pese a que muchos vilipendien a George R. R. Martin por no terminar la saga (incluso la propia serie juega con ello), este spin-off deja claro que todavía se pueden contar buenas historias en el mundo creado por el escritor estadounidense, historias llenas de esperanza y que ahora, más que nunca, necesitamos.

Un nuevo viaje

Sorprende, además, que la propuesta sea en parte muy diferente a Juego de Tronos o La Casa del Dragón. Sí, tenemos grimdark, pero también esperanza en una serie que adapta el primero de los tres relatos recogidos en el libro homónimo de Martin. Sin embargo, los capítulos son de media hora, no cuenta con intro como tal, la música no duda en experimentar con otros géneros, hay mucho humor, el montaje es diferente... Y en el núcleo de todo está la idea de tener una novela sobre caballería que nos muestra qué hubiera pasado si Miguel de Cervantes no se hubiera cargado el género en el siglo XVII.

A través de esos seis capítulos de apenas media hora, seguimos las aventuras (y desventuras) de ser Duncan el Alto y su pequeño escudero Egg en el primer torneo donde nuestros protagonistas participan. Que los Targaryen estén de por medio no augura nada bueno, pero mientras tenemos a un Duncan que, aunque no sea muy avispado, tiene un corazón que no le cabe en el pecho y un Egg que acabará aprendiendo cómo debe ser quien debe ser no junto a su familia de sangre, sino junto a Duncan.

Personalmente, no me canso de los mundos de Martin, porque, precisamente, aunque me encante Poniente, lo que realmente me maravillan son sus personajes, su humanidad, su fuerza, su corazón... tanto para lo vil como para lo heroico. Puede que muchos detesten a Martin por no acabar Canción de hielo y fuego, pero ¿qué más da? ¡Nos ha otorgado un mundo de fantasía poblado de personajes carismáticos y con alma! Ya es más que lo que han hecho muchos escritores de sagas interminables que no dejan de ser productos de mero marketing.

El espíritu de la caballería

Ira Parker, como showrunner, ha demostrado ser capaz de captar el espíritu de los cuentos de Martin en los que se basa la obra. Inventa poco (quizá desarrolla más la niñez de Duncan en el Lecho de Pulgas), pero jamás se desvía del mensaje de la obra. En eso han ayudado los actores, todos ellos perfectos, pero en especial sus dos protagonistas, Peter Caffey (Duncan) y el pequeño Dexter Sol Ansell (Egg). La historia, claro está, juega con el cliché del héroe que se hace cargo de un crío, aunque aquí el héroe esté en proceso de serlo y no sea un cínico terrible. Será, gracias a ellos, cómo iniciemos un nuevo viaje que nos hace poner rostro a personajes que eran citados en algunas de las mejores escenas de Juego de Tronos, serie que, con sus más y sus menos, es ya historia de la televisión.

A su vez, aunque deudora de GOT al igual que otras producciones de HBOcon un gran presupuesto, aquí, al ser una historia más pequeña, es más modesta. Eso, lejos de ser un hándicap, ha permitido que los creadores de la serie hayan podido jugar más con lo que esperaban los espectadores y lo que han terminado dando... Y para sorpresa de muchos, ha estado muy bien.

La magia interminable de Poniente

Como le comentaba recientemente a mis estudiantes, El Caballero de los Siete Reinos es una de las series más recientes que más he disfrutado, sobre todo por su aire optimista pese a todo y por su capacidad de entretener incluso cuando abraza el humor de brocha gorda. Eso sí, el mayor problema es que los episodios se me han hecho muy cortos y aguardaba que la serie desarrollase más a algunos personajes secundarios. Sin embargo, han preferido ser muy fieles al relato original y me imagino que ha sido, sobre todo, por no acabar a la gresca, como ha ocurrido con George R. R. Martin y el showrunner de La Casa del Dragón, Ryan Condal.

Mientras escribo estas palabras, ya se ha empezado a anunciar el casting de la segunda temporada, que se espera que llegue el próximo año, frente a los dos o tres años que tardan las grandes series actuales. Aguardamos saber qué ocurrirá con Duncan y Egg y si será el formato televisivo el que concluya lo que Martin no ha podido concluir. Necesitamos seguir enfrentándonoslos a molinos de viento, tanto en la realidad como en la ficción.

  • Puntuación: ⭐⭐/5

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