Hace unos años, leí Cumbres Borrascosas de Emily Brontë y me pregunté cómo esa obra podía gustarle al bueno de H.P. Lovecraft. Más tarde, a medida que comprendía que era algo más que una telenovela, entendí que esta sátira del romanticismo donde los comportamientos tóxicos están a la orden del día, era una de esas novelas que merece la pena descubrir por cómo ha influido a otros títulos, a todo el género de la novela romántica y, por supuesto, al cine.
Esto último lo vemos con una nueva adaptación que se ha vendido como «la mayor historia de amor de todos los tiempos» y que considero que quizá, como argucia de marketing (igual que estrenarla en San Valentín), sea inteligente, pero tan honesto como decir que Lolita es, también, una historia de amor (como se pregonaba en las antiguas ediciones de la novela de Nabokov).
Romanticismo de aquella manera
La directora Emerald Fannell nos lleva a un mundo marcado por Eros y Tánatos desde la primera escena. Mezcla momentos sumamente interesantes con otros sumamente horteras. En Internet se comenta que la directora de Saltburn decidió no realizar una adaptación al pie de la letra del libro de Emily Brontë, sino de lo que recuerda que le transmitió cuando lo leyó de adolescente. Eso me explica por qué ni yo mismo me acordaba de Isabella convertida en la perra de Heathcliff (literalmente) o los tórridos encuentros sexuales encadenados uno tras otro (imagino que la propia Emily Brontë se quedaría anonadada por cómo reinterpretan su obra en el siglo XXI).
Estas Cumbres Borrascosas de 2026 se sienten descompensadas. La primera parte de la película tiene un ritmo que se acelere en demasía en la segunda. El recorte de la segunda mitad del libro hace que el film no termine de comprender el mensaje de la historia de Brontë. La decisión del Heathcliff literario en sus últimos momentos desaparece. Es paradójico. El Heathcliff de la película no es tan mala persona como el del libro y, aún así, es el del libro el que se «redime» vagamente cuando permite que la hija de Cathy viva en el amor que jamás pudo vivir su madre (mientras que el de la película sigue siendo el mismo cretino, incapaz de comprender que Linton es otra víctima más).
Por el camino, Margot Robbie y Jacob Elordi hacen lo que pueden con un guion con unas frases que recuerdan en algunos momentos a Crepúsculo (por cierto, en la novela original, el libro favorito de la protagonista, Bella, era Cumbres Borrascosas). El espectador percibe cómo ambos actores intentan hacer lo mejor de lo mejor con lo que tienen, en medio de las acrobacias gimnásticas reproductivas pertinentes, pero es que no se puede hacer más con algo que en algunos momentos quiere ser moderno y en otros clásico.
Esta dicotomía se nota también en la banda sonora, con algunos buenos momentos que, inesperadamente, desembocan en el género del anuncio de perfumes chungo o el videoclip de los años '90.
Lo mismo ocurre con la fotografía, que tiene momentos como ese en el que se representa a Catherine como un ángel moribundo, con alas de sanguijuelas en una habitación de su propia piel, y otros bochornos como el momento del dedito, la gelatina y el pescado que... mejor, no pregunten.
El falso romance
Y precisamente por lo kitsch de la propuesta, uno nunca se aburre con este espectáculo que poco tiene de Brontë, aunque alguna vez haya algún atisbo (como esa idea del Heathcliff que, aunque no tan monstruoso, algunos han llegado a leer como una especie de versión del mito del vampiro). El problema es que toda la toxicidad es vacua y que al final la propia directora se cree eso de que esto es una historia de amor, cuando en la novela original pervivía la sensación de que Brontë estaba satirizando las novelas del romanticismo de la época.
Me explico: al concluir la lectura de Cumbres Borrascosas, uno comprende que el amor tóxico es algo de lo que se puede «disfrutar» en la ficción, pero jamás en la realidad. En cambio, en la cinta te acaban vendiendo que estos personajes tan egoístas como lo son Catherine y Heathcliff tienen el derecho a destruir todas las personas que los rodean fruto de sus deseos y esto es algo legítimo que el espectador podría reproducir. No obstante, esperemos que el espectador de esta cinta sea tan sensato como el que ve una película de terror y luego no le da por hacer Saw en su casa.
Lo que pensamos durante los créditos finales es que Cumbres Borrascosas es lo que su directora pretendía: no una gran película ni una gran adaptación, sino la búsqueda de captar lo que recuerda alguien de su adolescencia y los libros que devoró en otra época. No obstante, eso tampoco quiere decir que sea bueno. Es simplemente un ejercicio de onanismo. Como toda la película.
- Puntuación: ⭐⭐/5



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