Uno de los peores clichés que existe es el que asegura que nuestros chavales son cada vez más estúpidos. Si bien puedo entender cambios generacionales, también es loable que sean los que han impulsado dos películas como Obsesión y Backroom. Son chavales que se han criado en redes sociales y, aunque a menudo eso ha alterado su capacidad de atención, también son de los que disfrutan de publicaciones turbias de terror que son la versión actual de los creepypastas que, a su vez, eran herederos de las leyendas urbanas y los cuentos de terror.
Frente a otras grandes apuestas de los estudios, que se han estrellado estrepitosamente en la taquilla de los últimos meses, una película como Obsesión, rodada en veinte días con un presupuesto mínimo se ha convertido en una de las películas más rentables del año. Pero más allá del vil metal, ¿qué tal está esta nueva película de Blumhouse?
En 1902, W.W. Jacobs publicó el cuento La pata del mono, que relata la historia de cómo un matrimonio obtiene el objeto que da título al relato. En él, van pidiendo deseos que se van torciendo y se vuelven cada vez más macabros… hasta el terrorífico giro final. Esta historia ha sido adaptada hasta la saciedad y ha servido de base para muchos capítulos de series tipo Twilight Zone. Sin ir más lejos, muchos conocimos esta historia a través de la fantástica adaptación que le hicieron en Los Simpsons.
Uno de los espectadores de esa adaptación fue Curry Barker, un director de tan solo veintiséis años, que con Obsesión ha logrado un éxito que se alimenta de una historia simple, pero efectiva, y de la viralidad de muchas de sus escenas en redes sociales.
Donde algunas compañías piensan que patrocinar un film es hacer tiktoks rancios, Blumhouse decidió compartir escenas y segmentos de la película que parte de la siguiente premisa: Bear pide un deseo con una especie de juguete sacado de una tienda esotérica. Ese deseo es que Nikki se enamore de él más que de la vida misma. Lo que parece al principio un simple chiste, acaba convirtiéndose en una película con muchas dosis de comedia negra que en algún segmento recuerda al bueno de Sam Raimi.
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| Sin duda, una de las mejores interpretaciones de los últimos años dentro del terror. |
El amor tóxico
A medida que iba viendo la película pensaba en el amor cortés del Renacimiento, en el que el hombre convertía a la amada en su diosa y si no era correspondido, debía morir. No olvidemos que en la antigüedad, muchos pensaron que el amor era una enfermedad. Sin embargo, desde la óptica actual lo que encontramos es un hombre que decide que se ha encaprichado de una mujer y si esta no le corresponde, es la villana de la función. Nadie le pregunta a ella que piensa… salvo un autor, por ejemplo, como Miguel de Cervantes, que dio voz a la mujer de la que se enamoran en el fantástico segmento de la pastora Marcela en el Quijote. Antes, por supuesto, habíamos tenido La Celestina, que denunciaba los peligros del amor loco y de recurrir a la brujería para enamorar a otra persona. Al final, el amor es un sentimiento universal y los clásicos ya han hablado de los paradigmas que nos preocupan en la actualidad.
Obsesión trata sobre todo esto. Bear acaba consiguiendo lo que quiere, pero pronto empieza a sufrir las consecuencias de ese deseo y, aunque algunos espectadores empaticen con él, en el fondo no deja de ser un tipo que cree que el mundo tiene que ser como él quiera. Es más, anula la personalidad de otra persona, Nikki, para conseguir lo que desea. No quiero hacer un sobreanálisis, pero como vemos desde la primera escena, Bear es una persona que no está bien y que, revolcándose en su debilidad, cree que el mundo le debe algo. Es más, podemos señalar que llega a violar a Nikki en una escena. No le importa llegar a lo más terrible, incluso a condenar el alma de una persona inocente, no le importa, ya que su cobardía es la que impera. No obstante, como dice el dicho y podría haber dicho ese ¿demonio?, que le coge el teléfono cuando pide ayuda: “cuidado con lo que deseas”.
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| Cuidado con lo que deseas... |
Una espiral de locura
Sin llegar a la brillantez de It follows, pero con una denuncia más interesante y efectiva que la de Barbarian, donde Obsesión alcanza sus cotas más altas es en las interpretaciones, tanto de Michael Johnston (Bear) como, sobre todo, de Inde Navarrete (Nikki), una actriz que lo hace tan bien que solo espero que Marvel o cualquier otra franquicia no la fiche y le acabe quemando la carrera con películas que han caído en el síndrome franquizoide de nuestros días (síndrome que espero que no toque esta película y tengamos una innecesaria secuela). Es muy difícil hacer lo que hacen Johnston y Navarrete en este film, pero logran una credibilidad que, a menudo, resulta incómoda. Si los premios no huyesen del terror, ambos, sobre todo Navarrete, deberían estar nominados a mejor actuación.
De este modo, Obsesión va degenerando poco a poco y lo que empieza como una buena premisa se transforma en puro horror, donde, de vez en cuando, asoma alguna sonrisa incómoda. La escena de la fiesta en la que Nikki lee su propia versión de Hansel y Gretel pasa del humor al terror en tan solo unos minutos. El final es grotesco, cruel y de esos que dejan al espectador dándole vueltas a lo que ha visto durante horas, como un buen cuento de Clive Barker y otros genios del terror.
Obsesión no es solo lo que vemos en la pantalla, sino la demostración de que la industria cinematográfica debería apostar más por las historias que por los grandes presupuestos. De poco me importa que salga un maniquí algo rancio o un gato de cartón piedra, si lo que me están contando conecta conmigo. Esta historia tan simple (que bien podría salir de un cuento de Stephen King), pero contada y, sobre todo, interpretada tan bien, funciona porque nos habla de la universalidad del amor loco, el egoísmo, el machismo, el deseo, la violencia y la oscuridad que albergamos cada uno de nosotros y una sociedad que vaga tan sin rumbo que solo puede estar condenada al más oscuro de los abismos. Necesitamos más películas así y menos fuegos artificiales.
- Puntuación: ⭐⭐⭐⭐/5





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