7 de julio de 2026

La Ilíada de Homero: cantad la cólera de Aquiles

Mientras me preparo para el visionado de La Odisea de Christopher Nolan, he decidido volver a los clásicos como La Ilíada. A mi desgastada edición ilustrada he añadido el audiolibro mientras iba caminando al trabajo, mi particular odisea. He aquí algunas conclusiones que he sacado de este retorno a una obra infinita como lo es el gran poema de Homero.

Hablamos de La Ilíada, obra clásica que merece la pena seguir redescubriendo. / Imagen creada a partir de Aquiles triunfante de Franz Josef Karl Edler von Matsch.

«Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles».

Detestaba el recreo en el instituto y recuerdo refugiarme en la biblioteca como forma de escapar. Tomaba todos los libros de mitología, porque era lo más parecido que había a El Señor de los Anillos. Y, durante esa media hora, podía zambullirme en aquellas historias sobre dioses y monstruos. Una de mis favoritas era la que tenía que ver con La Ilíada de Homero. 

Regresar a los clásicos cuando uno se va volviendo mayor supone redescubrir obras e, irónícamente, redescubrirnos a nosotros mismos. Si bien leí La Ilíada durante el paso de 1º a 2ºESO, volver a ella veinte años después ha hecho que me dé cuenta en qué cuestiones soy el mismo y en cuál otras no. 

Además, asumimos que gran parte de estos clásicos poseen todos los elementos que asociamos con ellos cuando, en realidad, tenemos La Ilíada, pero también todo el ciclo troyano que agregó elementos tan famosos como la caída de Troya, el engaño de Ulises, etc. En realidad, La Ilíada arranca con la cólera de Aquiles al perder a Briseida y, a partir de ahí, se narran los últimos compases del conflicto que ha enfrentado a Troya y a los aqueos por el rapto de Helena

Por el camino, tenemos el cruel destino y la violencia gráfica de un conflicto azuzado por los dioses. Ahí la obra consigue manifestar la idea de cómo los mortales estamos a merced del capricho de unos dioses que nos hicieron a su imagen y semejanza, ¿o fuimos nosotros quienes los hicimos a nuestra imagen y semejanza? Como epopeya, asistimos a un conflicto que implica a mortales, dioses y todo tipo de seres que, durante diez años, entregarán las almas de muchos al inframundo. 

En esa guerra, los héroes deben elegir entre el nostos (el regreso) o el kleos (la gloria ganada en la guerra). Ante lo efímero de la muerte, está el honor como forma de sobrevivir. Más vale vivir una vida corta y ser recordado, que una vida larga en el anonimato, lo que impulsa a que estos personajes maten y se maten en el campo de batalla. 


La influencia de La Ilíada

La Ilíada, compuesta entre el siglo VIII y VI a.C., es la madre de la épica y una de las obras que sirve como modelo a todo un género, pero también, en parte, al arte de narrar historias. Homero (fuera quien fuese) nos canta su historia, pero no se conforma con cantarla sin más, sino que utiliza fórmulas para captar la atención y embellecer sus cantos. 

Como marco de multitud de historias, La Ilíada es como un inmenso árbol del que crecen ramas con cientos de historias y son en esas reversiones donde adquiere gran parte de las ideas que ya damos por hechas de la historia. Además, se agregan las visiones de diferentes campos artísticos: versiones noveladas, ilustraciones, pinturas, canciones, películas… Y esto no cesa en la antigüedad, sino que continúa en nuestra época: desde la inánime Troya de 2004 pasando por la interesante versión en space opera de Dan Simmons, La Ilíada sigue viva.

A esto se suman las influencias. Sin La Ilíada no estaría La Odisea ni otros clásicos como los cantares de gesta como el Mio Cid o las novelas de caballería del Renacimiento o incluso me atrevería a decir que la fantasía moderna de obras como El Señor de los Anillos o Malaz. Eso sin olvidar conceptos como el talón de Aquiles, la belleza de Helena de Troya, los virus troyanos, la frase «arderá Troya», las alusiones satíricas en La Celestina...

Al fin y al cabo, La Ilíada, como tantas otras obras, es un mosaico de grandes historias a las que continuamente regresa el ser humano. 


Realidad y mito

No sorprenderé a nadie cuando diga que algunos se obsesionan con la búsqueda de la realidad tras los mitos cuando es lo menos importante. Algunos creen haber encontrado los muros de Troya, como si de una especie de Indiana Jones se tratasen. Otros afirman que tal epopeya es solo eso, una ficción. Lo importante, en realidad, está en cómo nos muestra un mundo entre el real y el fantástico y lo que significa para cada uno de nosotros.

Aparte de lo ya conocido, disfrutar de una obra como La Ilíada nos permite saber más de las costumbres de su época (por ejemplo, cómo eran los funerales). Además, suponía un modelo de comportamiento al que regresar. Los griegos (y futuros oyentes y lectores) podían encontrar ejemplo en sus más de 15.000 versos. 

Por supuesto, en los últimos años ha tomado nuevas lecturas como el enfoque queer de la obra. Por mucho que intentemos pensar con la simpleza del «eran buenos amigos», es indudable la relación que Aquiles, como muchos otros, mantenía con otro hombre como Patroclo. Por ello, es interesante ver cómo podemos sumar nuestra perspectiva al clásico y encontrar nuevas lecturas. 

Como he afirmado en muchas ocasiones, los clásicos son inagotables.Es importante regresar a obras imperecederas, porque, las auténticas nunca pasan de moda. Cambiarán los países, las costumbres, las formas de hablar… pero los sentimientos universales permanecen. Desde la ira del furibundo Aquiles hasta la altanería de Agamenón, pasando por la tristeza de Helena, la cobardía de Paris, el dolor de Andrómaca, la pérdida de Príamo o, ante todo, la heroicidad trágica de Héctor

Por esos sentimientos, obras como La Ilíada siguen resonando en el corazón de un griego o en el de un chaval que se esconde en la biblioteca durante los recreos. Y seguirá resonando su canto, incluso cuando todos ellos sean cenizas como las mismas en las que se consumió Troya.

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