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| Star Wars regresa a los cines con The Mandalorian and Grogu. |
Hoy he tenido otro día horrible de un mes horrible de un año horrible y mi consuelo ha sido, una vez más, Star Wars y, con ello, el género fantástico y siento que, durante dos horas, he vuelto a recuperar la ilusión lo suficiente como para que las cosas valgan la pena. Quizá ese es el secreto de la saga creada por el gran George Lucas y de todo el género.
Pasando el rato en una galaxia muy, muy lejana
The Mandalorian and Grogu empieza donde nos quedamos en la tercera temporada (aunque no hay que ver las temporadas anteriores, nunca está de más): nuestro mandaloriano favorito, Din Djarin, y su joven aprendiz Grogu, nuestro lobo solitario y su cachorro galácticos, se embarcan en una misión para cazar a los remanentes del Imperio que están buscando que este resurja de sus cenizas. Si llevo la idea al más allá, es un rōnin y su bebé cazando exnazis. ¿Cómo no me iba a gustar este punto de partida?
A partir de ahí, tenemos una ciencia ficción muy pulpera: batallas, luchas de gladiadores, peleas de naves espaciales y un sinfín de muñecos animados en stopmotion por el bueno de Phil Tippet, uno de los grandes maestros de Star Wars (tenemos una partida de dejarik, el ajedrez de Star Wars, en vivo). Es más, da la sensación de que esta película sería el equivalente a ver a Dave Filoni y Jon Favreau jugando con figuritas durante dos horas. Y, como fan de Star Wars, eso me encanta, aunque no vaya a ser la película de la saga que reinvente toda la franquicia: tampoco lo pretende y, quizá, eso es lo que Star Wars necesita ahora.
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| Grogu y sus colegazos, que encantarían a Jim Henson. |
Los amigos que hacemos por el camino
Por el camino, aparte de a Pedro Pascal y los dobles que dan vida a Din Djarin, tenemos brevemente a Sigourney Weaver como la coronel Ward, a Jeremy Allen White como el genial Rotta the Hutt (nuestro apestosito) e incluso un cameo de Martin Scorsese dándole voz a un alien... Absolute Cinema!
Y lo que más me ha llamado la atención es que más allá de los caceos del propio Filoni y otros directores de la serie como pilotos de X-Wing, lo que tenemos es actores pseudodesconocidos y un montón, pero un montón, de personajes como robots, aliens, cazarrecompensas, hutts... Es como si la película la hubieran decidido hacer unos colegas con el menor número de personas posibles. Eso sí, recuperamos al bueno de Zeb de Rebels (que me hubiera gustado tener más tiempo en pantalla) y al mercenario con toques nipones Embo.
Para mí, hay bastante de ese espíritu del cine de los '80 estilo Gremlins cuando tienes todo un segmento de la película donde ves a Grogu con una panda de chatarreros intentando salvar el mundo. Puede que no te cambie la vida, pero llamadme inocente cuando digo que fue una de las partes que más me gustó, sobre todo porque es una de las partes que más alma tiene (al igual que todo el arco de ese Rotta que se niega a ocupar el trono del pérfido Jabba el Hutt).
Hablando de regresos, tenemos al compositor Ludwig Göransson, que fue capaz de reinventar la música de la franquicia cuando debutó con The Mandalorian en el ahora tan lejano 2019. Aquí también regresa al propio leitmotiv de la serie una y otra vez. Aprecio, sobre todo, su uso de instrumentos electrónicos e incluso algunos extraños homenajes a... ¿Lady Gaga?, que hace con la llegada a cierta luna donde pronto todo se les va de las manos.
Regreso a Star Wars
Más allá de eso, hay que decir una cuestión importante: los efectos especiales son un homenaje a los efectos especiales más tradicionales, más prácticos, y esto, en el fondo, encapsula toda la película. Durante dos horas, se hace un homenaje al cine de aventuras más clásico. Quien esperaba otra cosa, tiene precisamente ese problema: esperar otra cosa. Quizá Marvel nos acostumbró demasiado a los grandes eventos.
Pienso, sinceramente, que es preferible acudir al cine con la misma ilusión que teníamos cuando de críos veíamos Star Wars. Por eso, llevaré a mi clase de 1º de bachillerato. Quiero saber cómo experimentan los más jóvenes una película de fantasía y cómo conectan con el viaje del héroe de Joseph Campbell, porque sí, ahí está la teoría del monolito que el investigador realizó y el propio George Lucas popularizó con Star Wars (con fases como el regreso con el elixir recreadas al pie de la letra).
Llama la atención que una película tan entretenida, un divertimento de space opera, esté levantando la ira de cierto sector de la crítica. Bueno, en realidad no, no llama la atención porque hace mucho que la crítica se convirtió en irrelevante salvo para tres o cuatro frikis que aún nos fijamos en las estrellitas... aunque uso el plural y, en mi caso, cada vez me fijo menos. Quizá vivimos en una época demasiado cínica para un film que defiende que eches una mano a tus viejos y que la clave está en los jóvenes.
Mucha gente quiere ver cómo esta película fracasa (aunque me gustaría saber cuántos parten de multicuentas y otros ardides dignos de Palpatine), pero, personalmente, me encantaría que funcionase lo suficiente para poder ver la película que Dave Filoni, heredero de Lucas y nuevo presidente de Lucasfilm, planea sobre los cimientos de Heredero del Imperio, como culminación del mandoverse que me hizo recuperar la fe en la saga allá por 2019.
En definitiva, a lo largo de estos treinta y cuatro años de mi vida, en la ficción y, sobre todo, en la fantasía, he encontrado un motivo para vivir. Leía libros o cómics, veía películas o series o jugaba a videojuegos del género como refugio y consuelo en la época en la que me daba una pancreatitis que casi me lleva a la tumba, mientras morían mis padres, etc. Por eso, regreso una y otra vez al fantástico y agradezco que existan obras como The Mandalorian and Grogu. Aquellos que no lo sepan entender, no es mi problema. Para los demás, lo que nos dijo Obi-Wan Kenobi en aquel ya lejano 1977: que la Fuerza nos acompañe. Siempre.
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| «¿Viene mucho usted por este bar de traficantes de sal o son cosas mías?». |






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