7 de abril de 2026

Crítica de El viento se levanta (Hayao Miyazaki, 2013)

 

El viento se levanta es una historia sobre el poder de los sueños y la creación en la vida.

«Le vent se lève, il faut tenter de vivre!»- Paul Valéry.

Cuando hablamos de Studio Ghibli, solemos pensar en criaturas del bosque, castillos ambulantes o viajes espirituales en trenes sobre el agua... Sin embargo, en 2013, el legendario Hayao Miyazaki decidió cerrar su filmografía (aunque luego volvería con El chico y la garza) con una película muy diferente: El viento se levanta, un drama sobre los sueños y la creación.

El ingeniero de lo imposible

La película nos relata la vida de Jiro Horikoshi, el hombre que diseñó el caza Mitsubishi A6M Zero, el avión más famoso de la Armada Imperial Japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y que fue utilizado por los kamikaze en Pearl Harbor. Pero no te equivoques: esta no es una película bélica al uso ni una aventura como Porco Rosso ni un dramón sin más.

Miyazaki, un reconocido pacifista pero confeso apasionado de la aviación (su padre trabajaba en ese sector), utiliza a Horikoshi como un espejo de sí mismo. ¿Es el artista responsable del uso que se le da a su obra? La respuesta de la película es tan triste como el viento que la titula: los sueños son hermosos, pero a menudo se apagan en cenizas.

El punto más polémico y fascinante de la obra es su ambigüedad moral. Miyazaki no juzga a su protagonista por diseñar un arma, sino que se centra en la construcción de su sueño. Las menciones a Hitler, la Armada Imperial, la guerra o el supuesto espía alemán están en el trasfondo de la cinta. En su lugar, nos presenta la "maldición del sueño": Jiro solo quiere crear aviones hermosos, pero vive en un mundo donde la única forma de financiarlos es para la guerra.

Aquí no hay villanos con capas ni maldiciones ancestrales, solo personas que intentan vivir, mientras el "monstruo" es la tuberculosis que consume a Naoko, el amor de Jiro, y el imparable avance de un Japón que se encamina hacia el abismo.

El viento de los kami

Visualmente, la película es un prodigio de la animación. Desde el devastador terremoto de Kanto de 1923 (animado con un sonido casi orgánico, como si la tierra misma gimiera) hasta las secuencias oníricas donde Jiro conversa con su mentor espiritual, el diseñador italiano Giovanni Battista Caproni. Dentro de unos años, cuando el avance de la IA sea imparable, veremos con gran admiración el arte de este estudio japonés.

Esta visión del arte se une también a la melancolía de Miyazaki (cuando se estrenó el film, tenía setenta y dos años) y a lo que ha sido crear durante su vida. ¿Cuántas cosas habrá vivido mientras creaba? ¿Cuántas cosas habrá dejado de hacer mientras se obsesionaba con un plano, un diseño o una escena? Esta parte del sacrificio artístico es, a menudo, ignorada.

Si El viento se levanta hubiese sido la última película de Hayao Miyazaki, hubiese sido una gran despedida, pero un artista como él jamás podrá terminar su obra hasta que su vida concluya y le toque unirse a Jiro, Caproni y el resto de los que, con sus sueños, alzaron el vuelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes comentar mediante nick, anónimamente o con tu cuenta de correo o similar. No almacenamos ninguna información.

¡Muchas gracias por tu comentario!

¿Quieres reseñar la Saga Devon Crawford?

¿Quieres reseñar la Saga Devon Crawford?
Envía un correo a sagadevoncrawford@gmail.com y nos pondremos en contacto contigo

Mis críticas

Mis críticas
Pincha para leer y comentar mis críticas de libros, cómics, películas y series

Seguidores

Mis críticas

Mis críticas
Pincha para leer y comentar mis críticas de libros, cómics, películas y series

Sobre el blog

Los textos pertenecen a Carlos J. Eguren salvo cita expresa de los autores (frases de libros, comentarios de artistas...), siempre identificados en el post. El diseño de la imagen de portada pertenece a Elsbeth Silsby.

Si deseas compartir un texto, ponte en contacto con nosotros para hablarlo. Si quieres citar un fragmento, incluye la autoría.

Muchas gracias.

Carlos J. Eguren. Con la tecnología de Blogger.