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| Imagen de Animosity de Marguerite Bennet y Rafael de Latorre. |
El cómic Animosity se ha convertido poco a poco en uno de mis preferidos. La historia trata sobre el mundo tras el Despertar: todos los animales han tomado conciencia y, por supuesto, eso conduce a un apocalipsis donde una niña, Jesse, protegida por su perro sabueso Sandor, intenta sobrevivir.
Sin el aire de culebrón alargado de Los muertos vivientes y similares, con mucha originalidad y siendo capaz de emocionar y conmover, Animosity ha logrado grandes momentos como este del que he extraído esta cita sobre la vida, la muerte y lo que queda de nosotros, escrita por su guionista Marguerite Bennet (Bombshells).
De Animosity me quedo con su aire a lo La carretera, pero también con las relaciones que entablaban los diferentes personajes (bastante grises, tanto los animales como las personas). Además, muy destacable el humor negro que había en algunos instantes, sobre todo al descubrirnos lo que pensaban los animales de los humanos cuando despiertan.
Más allá del tema del derecho a los animales y la supervivencia, Animosity también nos hablo de las relaciones que entablamos con los demás y el precio de las mentiras (un ejemplo de ellos son las acciones que toma Sandor cuando es consciente de que, como perro de caza, está a punto de morir. ¿Qué hará? ¿Será capaz de abandonar a Jesse?
El éxito de Animosity llevó a una serie de historias cortas y a un spin-off titulado Evolución, pero me quedo con los personajes de la serie principal y la destaco frente a otras que consiguieron cierta relevancia efímera, como la olvidable Sweet Tooth. En su día, dije sobre Animosity en Goodreads:
Un volumen fantástico, con un guion estupendo de Marguerite Bennet (que me ha dejado con lágrimas en los ojos con su monólogo sobre la pérdida) y con el maravilloso dibujo de Rafael de Latorre. Si no la estáis leyendo, estáis tardando. Una de mis series actuales favoritas.
Lamentablemente, el final no estuvo a la altura.
Leí la serie hace algunos años y me dejó una gran huella, aunque sea uno de esos tebeos casi desconocidos que acabaré donando a la biblioteca del instituto donde trabajo (que se ha convertido en una extensión de la biblioteca de mi casa). Hay cómics así, que, como Animosity, pasan por tu vida, te entretienen, te hacen pensar y, después, aunque no los releas, quieres compartirlos con los demás.




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