22 de septiembre de 2026

La Momia: resucitar la aventura


Cuando vi por primera vez La Momia, allá por el año 1999, recuerdo que se convirtió en una de mis películas de aventuras favoritas y eso que, por azares del destino, había visto también la cinta original con Boris Karloff. 

Poco después, cuando se estreno la secuela, El regreso de la Momia, recuerdo que la fui a ver al cine prometiéndole a mi hermana que sería un peliculón... y fue todo lo contrario. Es más, fue mi primera gran decepción en el cine. 

Para cuando se estrenó la tercera parte, huí de ella y cuando me la encontré en la televisión, baste decir que hizo que ratificase mi pensamiento de que solo existía una película de La Momia.

Así que sirva esta crítica para recordármelo, por si peco queriendo hacer un maratón de la saga o ir a ver la próxima.

Del terror a la aventura

El director Stephen Sommers fue elegido para adaptar el clásico de terror de la Universal, pero lo hizo, apoyándose en el CGI, y mirando hacia el género de aventuras y no tanto del terror. 

Aunque no sea una película de horror per se, me parece más sincera que aquella cosa que hizo en su día Tom Cruise con el famoso Dark Universe que se quedó en agua de borrajas. Podríamos decir que Sommers fue un director inteligente, porque si bien sabía que no podía superar el terror de la original, optó por otro género, la aventura, y logró un éxito que hace que los autores que han hecho remakes de la obra tengan que distanciarse de La Momia de 1999, ya sea para bien, como la versión de Lee Cronin que opta por el terror o para mal, como la de Cruise.

Da pena pensar que este creador jamás logró otra obra tan redonda como La Momia, ni siquiera cuando le dejaron carta blanca para hacer Van Helsing, una de esas películas que, aunque tienen todo lo que me gusta, acaba aburriéndome terriblemente.

En cambio, La Momia, incluso ahora que la he vuelto a ver, me parece una película entretenida con muchísimo toques de humor y un ritmo que añoro en los blockbuster. En ocasiones, si hago el esfuerzo, puedo pensar que es la cuarta parte de Indiana Jones que nunca tuvimos (¿cómo? ¿Que existe una cosa llamada El Reino de la Calavera de Cristal? No me suena). 

Sí, en algún momento ocurren cosas por conveniencias del guion y se tiende a una espectacularidad exageradísima, pero también es una película con carisma y que se nutre de la química de Rachel Weisz y Brendan Fraser.

Una trilogía de una sola parte

Puede que uno de los grandes defectos de la cinta esté precisamente en algo por lo que brilló en su día: los efectos especiales. A finales del siglo XX, con el auge de los efectos especiales por ordenador, Hollywood creyó que podía hacer todo posible. 

Pese a que algunos efectos han envejecido bastante bien, como la propia momia o sus acólitos, otros como los escarabajos o el humo que representa a la muerte son tan exagerados que hoy parecen dibujos. En mi caso, veo cierta ingenuidad en todo esto, como cuando veo al Jasón de Harryhausen enfrentándose a los esqueletos. Es curioso cómo algo por lo que se brilló en el 99, llevándolo al límite, ahora se nota tan falso.

Un aspecto en el que me he fijado bastante en el nuevo visionado es en la grandilocuente banda sonora de Jerry Goldsmith, uno de los grandes genios de la música para el séptimo arte. No solo juega con los toques que cabría esperar de una obra situada en Egipto, sino que se permite un par de llamativos leitmotiv que quedan perfectos para la cinta.

Más allá de los apartados técnicos, el film fue un éxito y pronto tuvimos una serie de dibujos animados de vaga continuidad con la película, una secuela que perdió todo el encanto y una tercera parte que se hizo más por el dinero que por contar una historia. Eso sin contar toda la caterva de secuelas terribles que ha tenido el Rey Escorpión.

Hace unos meses, se anunció una cuarta parte que seguramente obvie los eventos de la tercera, ya que regresa Weisz, quien estuvo ausente de la entrega situada en China. Fraser ha jurado que irá al gimnasio para recuperar la forma. No obstante, a menudo pienso si obras como esta no deberíamos dejarlas descansar y no estar constantemente invocando al Libro de los Muertos para resucitarlas. Acaso, ¿no hemos aprendido nada?

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