Ursula K. Le Guin contaba que, en más de una entrevista, le preguntaban por qué, siendo una autora feminista, había construido las tres primeras novelas de Terramar alrededor de un hombre, el mago Ged. La pregunta no era del todo justa (Las tumbas de Atuan ya había puesto en el centro a Tenar), pero le dio vueltas durante años. La respuesta, cuando llegó, no fue un ensayo ni una entrevista: fue otra novela. Tehanu es, entre otras cosas, la mejor réplica que pudo dar Le Guin a esa pregunta.
Una historia sobre los cambios
Tehanu recupera a una Tenar ya mayor, que se reencuentra con Ogion, el viejo maestro de Ged, y le acompaña en sus últimos días. Es entonces cuando Ged reaparece, después de mucho tiempo perdido, pero ya no como el gran archimago que todos recuerdan: ha vuelto sin magia, vaciado del poder que lo definía. En paralelo, Tenar cuida de Therru, una niña maltratada y desfigurada por unos bandidos que le quemaron media cara y que carga con una herida que la novela nunca banaliza.
Después de los sucesos del tercer libro (donde la magia estuvo a punto de corromperse por el ansia de inmortalidad de un hechicero), Terramar sigue fracturado. Resulta especialmente interesante que Le Guin decida mirar hacia el mal cotidiano, el de los bandidos y los pequeños tiranos que buscan aprovechar el vacío de poder, incluso antes de que el reinado de Lebannen llegue a consolidarse. Uno de sus aspectos más conseguidos es cómo retrata el trauma y el dolor sufrido por la pequeña Therru.
Tehanu es un libro sobre la madurez y sobre el cambio, y sobre los comienzos que llegan tarde en la vida. Es, también, una propuesta arriesgada para el lector de fantasía que esperara otra dragonada o, simplemente, una repetición de la trilogía original. No es eso y ahí radica buena parte de su mérito, junto a unos personajes humanos, como la pequeña Therru.
Como siempre con la autora, conviene reivindicar su prosa y, sobre todo, su capacidad para poner el foco en las pequeñas cosas del día a día: sembrar un campo puede resultar tan épico como enfrentarse a un enemigo que cree tener bajo su control los nombres verdaderos de Ged y los suyos.
Nuevos y viejos comienzos
Por otro lado, Tehanu es también una historia sobre los nuevos comienzos: un Ged que deja de ser archimago y emprende, junto a Tenar, una vida sencilla, alejada del poder y de la leyenda. En otras narraciones esto se resolvería con un duelo épico final o con la muerte discreta de los personajes ya "cumplidos". Le Guin opta por algo más valiente: darles una segunda oportunidad, seguir contando quiénes son cuando ya no son quienes fueron.
De ahí que siempre destaque a Le Guin como una de las grandes autoras del fantástico. Mientras algunos se obnubilan con el worldbuilding basado en los tutoriales, a mí siempre me fascinarán las historias con buenos personajes y que más profundas logran ser, ya sea por cómo están escritas o por los temas que tocan. La obra de Le Guin, por supuesto, las catalogaríamos entre estas últimas: aquellas que cambian tu vida.
Tehanu, junto al tercer libro de la saga, sirvió de base para la película de animación Cuentos de Terramar, de Studio Ghibli. Lamentablemente, fue una adaptación fallida en muchos aspectos, y la propia Le Guin llegó a señalar que aquello era más la visión de su director, Gorō Miyazaki (hijo de Hayao Miyazaki), que su propia historia.
Más allá de esa adaptación fallida, Tehanu permanece como uno de los libros más personales y más incomprendidos de Le Guin, precisamente porque rechaza dar al lector lo que este esperaba de Terramar. No hay batalla final, no hay coronación triunfal, no hay un cierre épico que redima a sus protagonistas. Hay, en cambio, dos personas que envejecen, que pierden poder y certezas, y que aun así deciden seguir construyendo una vida juntas. Ese gesto, tan poco habitual en la fantasía de la época, es lo que convierte a Tehanu en una de las respuestas más honestas que dio Le Guin sobre qué significa, en realidad, ser poderoso.
P.D.: En Hanami Dango hablo más de la adaptación de Ghibli y sus cambios con respecto a los libros, aprovechando que se cumplen veinte años del estreno del film.



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