«El Parque de Ueno es uno de los espacios más célebres de la capital japonesa. Inaugurado en 1873, es uno de los más antiguos de todo el país. Aparte de su cercanía a la estación de metro y su enorme extensión, cuenta con todo tipo de lugares populares: el lago de Shinobazu, el Parque Zoológico, templos, museos…
A nivel histórico, además, tiene su importancia, ya que en él está la estatua de Saigo Takamori, el último samurái que luchó frente al emperador cuando se derrocó a su antigua casta guerrera.
Sin embargo, a nivel social, Ueno es también uno de los puntos donde más personas sin hogar han encontrado refugio a lo largo de los años, un hecho que, como la propia mendicidad, es ignorado en el país del sol naciente, pero también en el resto del mundo».
Ayer, Hanami Dango publicó un texto mío sobre una realidad incómoda que muchas sociedades prefieren no mirar de frente: la mendicidad. El artículo nace del visionado de Tokyo Godfathers y de la lectura de Tokio, estación de Ueno de Yū Miri, dos obras que muestran la cara menos visible de Tokio.
La novela relata cómo los sintecho eran apartados del Parque de Ueno cuando iba a visitarlo el emperador. Una práctica que puede parecer lejana, pero que no es exclusiva de Japón. En mayor o menor medida, todas las sociedades tienden a esconder la pobreza cuando resulta incómoda para la imagen que quieren proyectar. Basta observar cómo se han maquillado ciudades como Santa Cruz de Tenerife ante la inminente visita del Papa.
Si os interesan la literatura, el cine y las reflexiones sobre aquello que preferimos no ver, espero que le echéis un vistazo y que os guste.
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