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| Sí, este es el enésimo post sobre crítica que usará al personaje de Pixar, aunque con más mala leche, porque ni Pixar es ya Pixar ni la crítica es ya crítica. / Fuente: Disney Pixar. |
Y también los libros. En los últimos años, han aparecido un montón de críticos. Al principio, fue en blogs. Luego, en YouTube. Ahora en TikTok. No creo que el problema sea el formato o haber democratizado el hecho de poder opinar. Que tengamos mayor diversidad de opiniones puede ser algo enriquecedor. Ahora el crítico no tiene que ser alguien que vive del «yoísmo» y de una imagen tediosa de un exdrogadicto con ínfulas de gran genio moderno de la crítica y enfant terrible que, en realidad, solo es un intento de PRISA por no terminar de hundirse en la nada. Podemos ser algo más. Y lo bueno es que ahora podemos tener críticos de muchas edades, formaciones, razas, etc.
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| El único crítico al que respeto. |
El auge de los falsos críticos
¿El problema? Que digo crítico, pero falta crítica. Ya en la época de los blogs se notaba que mucho «crítico» de libros (juveniles o no) se callaban la boca si una editorial les mandaba un ejemplar. En serio, ¿somos tan muertos de hambre que se nos puede comprar nuestra opinión con tan poco? A lo que se suma una falta increíble de criterio. Por supuesto, si no tienes la suficiente humildad para seguir formándote y aprendiendo, cualquier libro que se aúpe en redes sociales te parecerá increíble como Alas de sangre, Quicksilver, Alchemised y cualquier otra cosa que se vuelva viral. Además, es difícil ir contracorriente y defender tu opinión.
Todo el mundo puede opinar, ojo, pero no todas las opiniones son válidas. Me refiero a que decir: «es una joya» o «es una mierda» no sirve de nada si no se argumenta. Recordemos algo que les recuerdo a mis estudiantes cada dos por tres: un texto argumentativo es aquel en el que el autor o autora expresa su opinión (tesis) sobre un tema, mediante una serie de argumentos. ¿Fácil? No lo es.
A menudo nos encontramos con reseñas banales o lo contrario: críticas destructivas. No me gustan los peleles sin opinión propia, pero tampoco me gustan los que se quejan de todos. Es decir, ¿qué me aporta gente como cierto crítico de YouTube (muy popular entre los frikis) burlándose de la escritora típica de romantasy con supuestos chistes y admirando a otro autor de moda, pues porque... hombre blanco hetero mormón megaultrapromocionado gracias a un sistema capitalista que premia la productividad sobre la calidad? ¿Qué aporta un charlatán que cree hablar sobre cine y que hace reseñas en su casa, trabándose cada dos por tres, sin argumentar nada y tendiendo a convertirse en un pequeño egocéntrico al que ayuda que el medio donde trabaja vuelque dinero sin parar en publicidad en YouTube? Eso por solo poner algunos ejemplos.
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| El gran éxito... durante un par de semanas. ¿Quién lo recuerda ya? |
La buena crítica
Me gustan aquellos críticos que me enseñan, que argumentan, que analizan y que proponen. Las mejores críticas son aquellas que disfrutes leyendo, que te enseñan y que te hacen aprender, aunque la obra no te interesase a priori. En el caso de YouTube, disfruto de Smokerwolf o la Filmoteca Maldita (cuyos problemas judiciales espero que se arreglen a su favor y pronto), porque, esté de acuerdo o no con ellos, aprendo. Sí, aprendo.
El propio Hajime Isayama, creador de Shingeki no Kyojin, hablaba sobre cómo leer crítica cinematográfica le ayudó con su obra. Muchos aprendemos a crear a partir de ahí, aunque luego te aparezca Alejandro González Iñárritu y se enfade y te diga en Birdman que el crítico es crítico porque es incapaz de crear.
Además, creo que los buenos críticos son capaces de, con su influencia, rescatar del libro obras olvidadas que no deberían estarlo. Sí, tenemos al crítico lamebotas, pero también hay analistas capaces de hablarte de una escritora de ciencia ficción japonesa que por suerte se ha rescatado en España y que merece la pena ser leída (me refiero a Izumi Suzuki).
El malgasto de la mala crítica
Un problema que veo a toda la falta de crítica actual es que, aparte de tener un empobrecimiento cultural que convierte el arte en comida rápida, es que también se ha impuesto un buenismo que me asquea profundamente. Me refiero a esa gente que va de mesías diciendo: «solo hablo de las obras que me gustan». Ok, es lícito, pero si todos hiciéramos eso, olvidaríamos dos cosas: que las obras culturales conllevan un gasto.
¿A qué me refiero? Primero, al enfoque capitalista. Los libros, por ejemplo, cuestan actualmente, con sus ediciones estúpidas de cantos pintados y oropeles que huelen barato, unos 25 euros. Si vemos cuánto vale la vida actualmente (alquiler, compra, etc.), 25 euros es dinero. Bastante. Sí, existen bibliotecas, pero hay gente que ahorra porque quizá le llamaba la atención un libro como Catábasis de R.F. Kuang. Imagínate que se gasta los 25,60 que valía esta cosa y luego lee un libro anodino, mediocre y ombliguista. Seguramente, algún lector piense: «me gusta» solo por no ir contra las críticas positivas que ha tenido el libro o para no pensar que es idiota por haberse gastado 25 lereles. ¿Por qué? Porque a nadie le gusta sentirse estafado. Es más, la mayoría de los estafados jamás denuncia la situación para no quedar como un memo.
Segundo, el enfoque vital. La lectura de un libro o un cómic, el visionado de una película o una serie, la escucha de un disco... conlleva tiempo. Ninguno de nosotros es inmortal. Nuestro tiempo es finito. Realmente, ¿querrías perder docenas de horas de tu vida leyendo como una genio de Cambridge esnifa tiza porque eso le da superpoderes? Creo que no y menos cuando te lo narran como el culmen del sabelotodismo que es un producto de marketing como Kuang.

Si puedes, huye de Cátabasis todo lo que puedas. Ya me darás las gracias.
Conclusiones
Me alegra saber, por tanto, que mi crítica de Catábasis está funcionando en cuanto a visitas y que hay comentarios donde la gente siente que puede expresar su opinión libre sin que un niñito de booktok (no por edad física, sino mental) le diga que está equivocado y R.F. Kuang es la salvadora de la humanidad, pues... porque... lo dice el booktuber de turno.
Por estos dos motivos, creo que la crítica es necesaria y creo que hoy está en peligro de extinción: un algoritmo que favorece los shorts, unos reseñadores muertos de hambre, el deseo de quedar bien, el intento de no quedar como memos estafados, campañas de marketing que generan una supuesta opinión pública favorable hacia los productos... Si seguimos así, nuestro futuro, como advertía el anuncio de cierta serie distópica que me encantaba, estará roto. Pero, acaso, ¿ya nos lo está nuestro presente?





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