3 de noviembre de 2026

Crítica de Carrie (2026), los horrores de hoy (y de ayer)

Regresa el mito de Carrie. ¿Estará a la altura del legado?

En el imprescindible Mientras escribo, Stephen King habló de dos compañeras de clase que inspiraron al trágico personaje de Carrie y es indudable que las vivencias del escritor como profesor contribuyeron a crear este clásico del terror. 

Mientras veía la nueva versión, en formato de serie, dirigida por Mike Flanagan (Doctor Sueño, La vida de Chuck), no dejaba de pensar que si Stephen King estuviese en una clase, como lo estoy yo, ahora, su obra se acercaría a los males que trata esta nueva versión: redes sociales, tiroteos en escuelas… Y es que el mundo está lleno de Carries.

El horror de los mitos

En Internet, mucha gente se ha quejado (qué sorpresa que alguien se queje en Internet, ¿eh?), de que esta es la enésima versión de Carrie desde que, en 1976, Brian de Palma dirigiese la excelente primera adaptación. Hemos tenido secuelas apócrifas, musicales, homenajes, remakes… Por mi parte, pienso que es lo mismo que ocurre con monstruos como Drácula o Frankenstein. Lejos de quejarnos de una nueva versión, nos preguntamos qué ha aportado el director a esta nueva versión del mito. 

En el caso de Mike Flanagan ha actualizado la novela original y, más allá del carácter epistolar, lo que hace es hablarnos de los horrores actuales a través de los miedos que ya estaban presentes en la primera novela que Stephen King logró publicar. Si bien hay algunos añadidos que no terminan de convencerme (como cierta “fantasma”) o la idea de convertir la novela en una trilogía (¿para vincularla a La Torre Oscura?), Carrie es una serie que reflexiona sobre los miedos de toda una nueva generación.

Me explico: si la versión de los ‘70 era muy de su época (esa cámara rápida cuando se están probando los modelitos para el baile), esta versión de 2026 lo es muy de este tiempo. A las redes sociales se agrega la música digna de una lista de Spotify (genial la ochentera, pero no ochentera, Shy Girl; sobre la que los hermanos Newton, los compositores, hacen varias versiones) o cómo en Estados Unidos hacen simulacros de tiroteos antes que de incendios, habla de los yupis decadentes como trasuntos del MAGA de Trump y de la crueldad, indaga en el origen del trauma y en la prohibición de libros. Disparos Unidos de América da miedo. Quizá no tenemos la fuerza visual de ese Brian de Palma que dividía pantallas, rasgaba la sexualidad con malicia y mostraba la crueldad morbosa de degollar a unos cerdos, pero Flanagan logra actualizar este mito y reconvertir la figura de Carrie de víctima a una especie de divinidad ensangrentada capaz de gobernar el mundo.

Lo interesante de estas versiones está en cómo retrata su época, pero también en cómo crecemos con ellas. Siempre me había identificado con el drama escolar de Carrie, pero, ahora, por edad y profesión, me siento más parte de ese claustro que no sabe qué hacer con unos jóvenes intoxicados por la frivolidad y la falta de empatía de las telarañas sociales.


Nuevos (viejos) males

Me quedaría en terreno de nadie si no citase el excelente trabajo que hace Summer H. Howell como Carrie y Samantha Sloyan como la madre, Margaret. Si bien Howell no cumple con el aspecto físico de la Carrie del libro (me temo que ninguna versión ha acertado en esa tecla), sí cumple con la parte emocional del personaje a la vez que el formato de ocho capítulos permite desarrollar el personaje (veáse cuando controla su poder); del mismo modo, Sloyan ya no es solo una fanática religiosa que en la versión de Palma acababa acribillada a cuchilladas mientras gemía al ver una imagen religiosa, es una actualización que, desgraciadamente, podría saltarnos en cualquier red social sin problemas. A ambas actrices se le suman unos buenos secundarios, muchos de ellos habituales de Flanagan, como Rahul Kohli o Kate Siegel (que también es esposa de Flanagan y directora de uno de los episodios).

Más allá de los cambios (algunos a peor, como la escasa relación de la profesora Desjardin y la protagonista), como parte del mito que ya es Carrie, uno siente de nuevo esa sensación de desasosiego que ya había en la novela original. Me refiero a ese aire de tragedia griega: todos sabemos que va a acabar mal, que por mucho que luche Carrie por ser feliz, al final todo se dañará y acabará como siempre ha acabado, con la desgracia. Aunque Flanagan amplíe la historia, el daño ya está hecho. Y Carrie sigue siendo, ante todo, una tragedia.

Y dentro de años, cuando contemos con una nueva Carrie (cosa que ocurrirá), nos daremos cuenta de que seguimos sin superar el acoso escolar, el abuso en casa, el horror del mundo… y sabremos que Stephen King no es solo un gran escritor, sino uno de los mayores cronistas de los terrores del siglo XX y XXI.


  • Puntuación: ⭐⭐⭐⭐/5

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