Dentro de mí habitan dos lobos (o, para el caso, dos arañas). Uno cree que no debe pensar demasiado en Brand New Day, porque en cuanto lo hace, la película se rompe. El otro ve en una cinta correcta todo un logro para un Marvel Studios y una Sony que últimamente no están dando en la tecla correcta.
Salí del cine pensando en cómo Marvel era parte de una maquinaria industrial. No podemos exigir arte y ensayo de esto, solo un cómic decente del Trepamuros. E, incluso con sus peros, lo es.
Spider-Man en la era Trump
Han pasado cuatro años desde No Way Home y Spider-Man se ha convertido, por fin, en el héroe de Nueva York. A mí me gustaba más cuando la ciudad se lo ponía difícil: echo de menos a J. Jonah Jameson y ese runrún antiSpidey que representaba. En su lugar, tiene ahora como aliada a la detective Jean DeWolff, personaje que en los cómics no acabó precisamente bien: fue el propio Peter David quien firmó su muerte, en la primera historia que escribió para el personaje, allá por 1985. Y pensar en Peter David deja mal cuerpo: murió el año pasado, después de que Medicaid dejara de cubrirle el tratamiento. Ojalá Marvel repartiera algo de la pasta que gana entre la gente que construyó estos personajes (así funciona, oh, los Disparos Unidos de América).
Volviendo a la película, Brand New Day tiene una potentísima carga ideológica y cierta oda al vigilantismo en la que prefiero no pensar demasiado, aunque véase a un Spidey que, por justicia, escanea el rostro de toda la gente de Nueva York. Hasta la propia DeWolff se lo reprocha, pero todo sea por hacer el bien, oye. Quizá el problema es que lo sobreanalizo, como sobreanalizo a un Punisher al que se le perdona todo por meter un tiro a las primeras de cambio (ja, qué gracioso es pegar tiros) o un Spidey que directamente pasa de detener el último robo de la película. Eso de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, aquí, es más bien... orientativo.
Una buena aventura de Spidey
No obstante, eta cuarta entrega del Spider-Man de Holland está siendo un éxito porque la gente echaba de menos a Spidey, pese a haber tenido ya Across the Spider-Verse, la serie de dibujos de Disney+ y la de Spider-Noir. Es curioso que, con tres obras por el camino, el personaje no se sienta quemado como otros de la franquicia. Y más curioso aún es que la película beba más de los videojuegos de Insomniac que de sus propias predecesoras: hay una pelea en una azotea en la que, en algún momento, busqué el mando de la Play con la mirada.
¿Hay algo más allá de esto? Sí, en el fondo es una buena aventura sobre si seguir siendo Spidey o ser Peter, y sobre si dar un paso más, aunque eso signifique convertirse en un monstruo. Es un dilema interesantísimo, pero hay demasiados calderos en el fuego: la mutación, la identidad, el ataque de los supervillanos, las ganas de recuperar a los amigos. Si esto hubiera sido una serie, como en los cómics, todo habría tenido más tiempo para respirar; pero son dos horas y media de película, y es lo que hay.
Por otra parte, el guion, aunque sepa usar bien a sus personajes, no se atreve del todo a plantear lo que quiere plantear, y el desenlace (ya en un cuarto acto) es aceptable, pero deja la película coja y más cercana a un team up entretenido que a otra cosa.
Alma y efectos especiales
Eso sí, se respira un aire de celebración: esto es, ante todo, un homenaje al personaje que crearon Stan Lee y Steve Ditko y que tantísimos artistas han moldeado después. Se ha alabado mucho el cambio de dirección, y a mí me parece correcto: hay planos y secuencias interesantes, aunque Destin Daniel Cretton vuelva a abusar de la cámara lenta, como ya hacía en Shang-Chi (aquí, al menos, no llega a lo hortera de la pelea del Mandarín con su señora). Logra, en cambio, balanceos más vistosos y un buen recurso visual para cuando la telépata enemiga salta de un cuerpo a otro. Y recuperamos, por fin, un Nueva York que parece Nueva York y no un decorado de CGI: gente de a pie, con sus vidas y sus preocupaciones. Insisto: solo me falta ese airecillo anti-Spidey de Jameson.
Aparte de eso, donde la película funciona mejor es en el núcleo emocional, porque Tom Holland, Zendaya y Sadie Sink se creen lo que hacen y están a gusto con sus personajes; te perdonan hasta las líneas más predecibles del guion. Holland, a estas alturas, se mueve con una naturalidad absoluta: su Peter es creíble, vulnerable, cercano, y su arco (aceptar que no puede vivir aislado del mundo para siempre) funciona. No todos corren la misma suerte: el pobre Escorpión (como otros villanos) parece estar ahí solo para saludar al espectador y recordarle que existe (y así, muchísimos personajes, como Hulk, que está para saludarse e irse a un psiquiátrico).
Temáticamente, la película gira en torno a la soledad, la responsabilidad y la idea de que el dolor puede convertirnos en monstruos si lo dejamos. Son temas centrales del mito de Spider-Man y acierta en colocarlos delante, aunque los desarrolle con cierta superficialidad: lo que emociona no es tanto lo que se cuenta como lo que el personaje significa para quien lleva años leyéndolo. Hay, por ejemplo, un momento precioso en el que Peter deja que la telépata vea, en un recuerdo, a la tía May; ahí aparece, un segundo, el Spider-Man íntimo que uno querría ver más tiempo.
En cuanto a lo técnico, los efectos especiales no están nada mal para lo que nos tiene acostumbrados Marvel últimamente, y el traje de Spider-Man parece salido directamente del cómic, aunque haya quien critique que lleve tanta tecnología encima. Será que no caen en la cuenta de que este es el Peter genio que también conocemos de los videojuegos: en los sesenta, Spidey no podía hacer ni la mitad de lo que hace aquí con el traje, pero en 2026 resulta más creíble. ¿Que de dónde saca el dinero para pagárselo? Pues como todo el mundo, cobrando en b.
Sobre la banda sonora de Michael Giacchino cumple con oficio, aunque el tema principal de Spidey empieza a sonar a disco rayado, incluso metiéndole sintetizadores por todos lados.
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| La película recoge el nombre que llevó la etapa de Spider-Man tras el denominado mefistazo. |
Un cómic de Spidey para lo bueno y para lo malo
He leído críticas a que la película esté llena de cameos más o menos justificados. Yo, que me crié leyendo cómics donde metían a Lobezno con calzador para subir las ventas, tiendo a pensar que esto es, precisamente, una adaptación fiel: también de los ardides comerciales más descarados del tebeo. El universo compartido es, en el fondo, uno de los grandes trucos narrativos (y comerciales) del cómic de superhéroes de toda la vida. Quien se queje de eso en una peli de Marvel puede que no haya abierto muchos cómics de Marvel.
Puede que, leyendo todo esto, pienses que no me ha gustado. Al contrario: me parece una película aceptable y me lo pasé bien, porque Spider-Man es, junto a Batman, uno de mis personajes favoritos. ¿La mejor de Spider-Man? Ahí siguen Into y Across the Spider-Verse. Pero al menos no nos ha tocado otra cosa inane como Los Cuatro Fantásticos: Primeros pasos.
Brand New Day da lo que esperaba: entretiene, adapta con cariño varios elementos del cómic y ofrece un Peter Parker sólido, aunque le falta ambición real y da la sensación de estar diseñada para no arriesgar nunca demasiado. Probablemente, dentro de unos años, se recuerde como una buena película de Spider-Man, sin más. Y quizá eso sea exactamente lo que Marvel/Sony quería que fuera.
- Puntuación: ⭐⭐⭐/5




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