Las leyendas urbanas son interesantes, porque forman parte de un terror oral moderno y de un modo de transmitir historias que, aunque parezca perdido, permanece y nos conecta con nuestro pasado. Para algunos, son tonterías, para mí son piezas narrativas únicas.
Ante eso, los creepypastas solo son una modernización de esa idea de narrar lo insólito desde la perspectiva de «me ocurrió» o «le ocurrió a alguien que conozco», y dejar esa posibilidad de «¿y si fuera posible esto que me han contado?». A lo que se agrega que, con cada nueva versión y nuevo horror, se crea una mitología moderna en un ejercicio de creación común y desde el anonimato, que dice bastante de la sociedad que lo lleva a cabo.
Muchos son los creepypastas que han captado la atención del público de Internet, sobre todo el más joven, y entre ellos destaca la que da nombre a la película Backrooms de Kane Parsons. En esta historia de Internet, se explora ese espacio liminal que es el backroom, un lugar lleno de pasillos extraños y elementos discordantes, que, en el fondo, son una exploración de los monstruos que llevamos nosotros mismos en nuestro interior.
![]() |
| Backrooms juega a la perfección con la estética discordante de la pesadilla. |
El horror de la generación TikTok
Parsons, un joven director criado en YouTube (donde, por ejemplo, hizo recreaciones de escenas de Shingeki no Kyojin), utiliza en Backrooms muchas de las técnicas de los vídeos de terror virales como la cámara de calidad noventera en mano, los jumpscares y sobre todo esa idea que articula todo el guion: un espacio horripilante, escondido en nuestro propio mundo, que se alimenta de los horrores de la gente perdida que llega a ellos y que recuerda, vagamente y de forma inhumana, aquello que lo ha poblado. Al final, como en el terror más clásico, el miedo nace de aquellos que vagan por sus pasillos.
En el horror de Backrooms, tenemos a un Chiwetel Ejiofor y una Renate Reinsve que hacen un excelente trabajo, aunque quizá en el caso del primero, su fama saca al espectador de una película que juega en parte a parecer verosímil. Quiero decir con esto que me puedes contar una leyenda urbana sin problemas, pero si el protagonista es el ganador de un Oscar o un malo de un blockbuster como Doctor Strange, la premisa se vuelve menos creíble.
No obstante... Backrooms funciona como una atracción de feria. Muchos dirán que esto es negativo, pero cuando el cine nació, recordemos que nació como una atracción, no como arte. En eso hay que reconocer que posee un ritmo rarísimo que hace que sus dos horas se pasen en un santiamén sin tener que caer en la edición de TikTok que asola el séptimo arte, aunque sí use algunos de sus recursos, como la música de Edo Van Breemen y del propio Kane Parsons.
El valle inquietante
Todo ello colabora en la misma premisa de lo insólito, lo discordante, el valle inquietante que puebla la película en sus dos horas de duración. Es un terror que, aunque suena ha conocido, también resulta joven y fresco para un espectador, seguramente adolescente, que se ha criado con las historias terroríficas que pueblan TikTok y similares. Y no digo esto como algo negativo. Para aquellos que ya tenemos una edad, vemos una reinvención de la casa encantada pero con la estructura de nuestro propio cerebro, dañado y asqueroso.
Y a mi cabeza vienen elementos como los ángulos imposibles de los lugares malditos de Lovecraft. Y me hace pensar si el laberinto del minotauro clásico o el laberinto de los Windows más «arcaicos» no eran también nuestro backrooms. Acaso, ¿no es una pesadilla un backroom?
¿Es la gran revolución del terror? Recordemos que en 1999 se vendió El proyecto de la Bruja de Blair como tal y, tantos años después, el film original es baladí y hay mejores ejemplos de found footage. ¿Pasará lo mismo con Backrooms? Solo el tiempo nos dirá.
Aunque me temo que Backrooms será el pistoletazo para muchas secuelas y películas basadas en creepypastas, debo reconocer, como en el caso de Obsesión, que estamos ante dos películas que demuestran que, con pocos recursos y mucha imaginación, no solo saben asustar al espectador, sino también lograr una excelente taquilla.
En definitiva, sin revolucionar el género, Backrooms sí es una experiencia interesante que conecta con una nueva generación de espectadores deseosos de un terror nacido de las redes sociales. No es profunda, aunque quiera, pero sí es lo suficientemente interesante como para darle una oportunidad.
P.D.: Como todas las leyendas urbanas que valgan la pena, esta la conocí a través de otras personas. En mi caso, un grupo de alumnos que hicieron una presentación en clase sobre el tema. Me he acordado mucho de ellos, así que esta película no me extraña que funcione: habla con los jóvenes de tú a tú y nos presenta sus propios miedos del siglo XXI. Ya era hora.



No hay comentarios:
Publicar un comentario
Puedes comentar mediante nick, anónimamente o con tu cuenta de correo o similar. No almacenamos ninguna información.
¡Muchas gracias por tu comentario!